Juana de Arco

Juana de Arco, ¿bruja, guerrera o santa?

En una de mis notas anteriores; ya te había hablado sobre un libro en específico que mencionaba tan solo a algunas de las miles de mujeres que han conseguido conquistar el mundo a través del tiempo gracias a sus aportaciones históricas, científicas y/o culturales; (brujas literarias de Taisia Kitaiskaia y Katy Horan). Sin embargo, en la nota de esta semana he decidido abrir “la caja de Pandora” con respecto a un personaje que gran debate ha causado a través de los siglos. El motivo es que muchos aún ponen en duda la santidad de esta mujer para asegurar que ella en realidad era una guerrera, una autentica heroína cuyos actos la volvieron pieza fundamental durante la fase final de la famosa Guerra de los Cien años. Sin más preámbulos, te invito a que descubras conmigo la historia de quien actualmente es considerada patrona de Francia; Juana de Arco, también conocida como; “La Doncella de Orleans”.

Si bien, la fecha exacta en la que se suscitó su nacimiento continúa siendo un misterio, se cree que Jehane d´Arcn (Juana de Arco, en español) nació un 6 de enero de 1412 en Domrémy, Francia (actualmente Domrémy-la-Pucelle). Fue la hija de un matrimonio conformado por la pareja de campesinos; Jacques d´Arcn e Isabelle Romée, quienes podían presumir de una economía modesta gracias a las enormes hectáreas de tierras que poseían. Desde muy joven, Juana de Arco, mostró tener una personalidad sumamente rebelde, contraria a los planes de matrimonio que sus padres tenían para ella. Planes que también iban dirigidos a sus tres hermanos y a su única hermana.

Con tan solo 13 años de edad, Juana d´Arcn, aseguró comenzar a escuchar voces; voces a las que atribuía ser parte de la “llamada de Dios”. Tiempo después de aquel primer testimonio, Juana, confesaría haber visto al arcángel Miguel y a las primeras mártires Santa Margarita y Santa Catalina de Alejandría. Ante tales sucesos, creo que ya has empezado a hacerte idea de lo que la gente decía de ella. Insultos que la señalaban de ser tan solo una desequilibrada mental, hasta esos que la juzgaban bajo los típicos cargos de brujería. Estas voces que Juana tanto juraba escuchar no solo serían las mismas que la impulsaron a participar en la guerra que ese entonces, Francia se encontraba librando contra los ingleses, sino que también; serían aquellas que la acompañarían hasta el día de su muerte.

La participación de Juana de Arco, no obstante, se vería reflejada hasta el año 1429; cuando el ejército ingles ya estaba por tomar la ciudad de Orleans. Las voces que escuchaba, le mandaron ayudar al Delfín de esa época, y quien tiempo más tarde ocuparía el trono francés bajo el nombre de Carlos VII. La misma Juana, resguardada bajo esos atuendos masculinos que utilizó para poder infiltrarse en batalla, le informó de la encomienda divina que esas voces le habían dado a cumplir. La de salvar a Francia del yugo Ingles.  Un grupo pequeño de teólogos avalaron su testimonio, concediéndole tropas bajo su mando con las cuales, Juana, pudo conducir al ejército francés a una victoria determinante sobre sus enemigos en Patay; mientras que la ciudad de Orleans era liberada.

Desafortunadamente en el año de 1430, luego de realizar una operación contra tropas inglesas en Compiègne (cerca de París) los soldados borgoñones la capturaron para ser posteriormente vendida nada más y nada menos que a sus enemigos, los mismos ingleses.

Juana fue conducida ante un tribunal en Ruán, mismo que la juzgaría bajo los cargos de herejía y brujería. El vestir ropas masculinas, también la hizo acreedora a sentencia y más tarde, a pena de muerte. Pena que, durante un tiempo, Juana, pudo esquivar luego de haber mostrado arrepentimiento. La sentencia, por esa razón fue reducida a cadena perpetua. A su regreso a la prisión, Juana, volvió a vestir ropas masculinas por lo que una vez más, fue condenada, en esta ocasión por un tribunal secular. El 30 de mayo de 1431, finalmente fue condenada a la hoguera. El verdugo Geoffroy Thérage, el hombre responsable de darle muerte a Juana, aseguraría que luego de que el cuerpo quedara completamente carbonizado, su corazón sería encontrado completamente intacto; hecho que por supuesto, terminaría por aterrorizarlo ante la posibilidad de haber asesinado realmente a una santa. Las cenizas de Juana de Arco, fueron esparcidas por los ingleses en el rio Sena, para evitar que de ellas pudieran crearse reliquias. Claro que esto, no evito en lo absoluto el hecho de que Juana de Arco fuera beatificada el 18 de abril de 1909 en la catedral de Notre Dame por Pío X y que posteriormente se le canonizara el 16 de mayo de 1920 en la Basílica de San Pedro por Benedicto XV. 

Con lo que te he expuesto sobre la vida de Juana; ahora puedes entender con mayor claridad el motivo de que exista un gran debate alrededor de ella. Las opiniones sobre si realmente era una santa o no, se mantienen hasta nuestros días. Los más “osados” quizá se atreverán a asegurar que ella, era realmente una bruja. Una bruja cuyos dones, se encontraban adelantados a su época y que de gran utilidad fueron durante uno de los acontecimientos históricos más decisivos de la humanidad.