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Desde el Santo Oficio a la actualidad: vergüenza y discriminación en México

Entre las millones de publicaciones que se generaron sobre la discriminación en México –racismo y clasismo–, tras el asesinato de George Floyd en EE. UU. y la polémica del Conapred y Chumel. Abundaron opiniones y testimonios, en cambio, un análisis sobre las raíces de este problema no deslumbró de la misma forma, por eso aquí me propongo, con ayuda de la historia novohispana –donde gran parte del México de hoy, se formó–comprender un poco más el conflicto y la vergüenza en México.

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Fuente: contenido.com.mx

Para comenzar, hay que comprender que nosotros, como seres sociales, trabajamos con varios mecanismos, uno de ellos es el de la vergüenza, y en éste descansa la discriminación. Dejar en ridículo a la otra persona por cierto motivo, como el color de la piel, la religión, la orientación sexual, entre una lista sin fin, es una manera de afianzar poder, de separar y encasillar, para mostrarse diferente a las personas segregadas. Por eso los adjetivos peyorativos para señalar que pertenecer a algún grupo resulta embarazoso y quien encaje en esos parámetros, debe de ser tratado penosamente, e incluso para algunos inhumanamente –quiero decir, así es como lo piensan dichas personas–.


El Santo Oficio

Ahora sí, a las lecciones de historia.

Tras la violenta imposición del régimen español, los peninsulares hicieron lo que recién describí, segregaron para dejarse en la cima de la pirámide artificial de la sociedad; pero, esta nota aún va más allá. Ya impuesto el virreinato, la Inquisición comenzó a maquilar con fuerza; lo hizo de tal manera que su influencia y poder no se agotaban en cuanto terminaba su jurisdicción, el Santo Oficio en la Nueva España usó astutamente el ridículo y la gloria de manera que la sociedad voluntariamente delataba a sus compañeros o amigos si sospechaban de algún comportamiento anti-católico.

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www.revista.unam.mx

El tribunal que buscaba perseguir las herejías trabajaba mediante bien marcadas jerarquías, que pasaban desde cargos oficiales hasta las familias cristianas que por el buen actuar y la “pureza de sangre” de generaciones pasadas y presentes, gozaban de cierto prestigio y sus acusaciones tenían mayor fuerza. Así los dominicos –orden a cargo del Santo Oficio– tenía oídos en todas partes del virreinato, es decir, que sólo mediante el otorgamiento de cierto reconocimiento social y la amenaza de la deshonra, la Inquisición se volvió prácticamente omnisciente.


Castigos

Tras presentarse los cargos, el juicio comenzaba y después de los procedimientos de éste, la sentencia se dictaba. El auto de fe –que, entre 1571 y 1719 sólo se realizaron unos 43–, es decir, ser quemado vivo y la vergüenza pública, también llamada sambenito, entre muchas más penas, eran aplicadas.

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El segundo de los tormentos es evidencia de cuál era uno de los mayores miedos de los novohispanos, la humillación. Dicho castigo consistía en pasear por las calles del lugar donde se residía, montado en un burro, con una túnica y un largo cono, el capirote, todo esto como símbolo de la infamia. Pero allí no terminaba la desgracia, la peor parte llegaba tras cumplir la pena, pues ahora el castigado sufriría en su círculo social, así como su familia y futuras generaciones, la vergüenza de ser un pecador o familiar de uno.


La división que persiste

Durante los siglos del virreinato se formaron y fomentaron grandes brechas de exclusión: el pecador y el buen creyente, el peninsular y el resto, los criollos y las castas, aun dentro de todo este esquema también estaba la separación del hombre y la mujer. Esa constante segregación cuya insistencia era el miedo a pertenecer a los marginados, los excluidos, esclavos, quienes eran vistos como menos, que tenían tanto rasgos físicos –pigmentación, facciones, vello– como sociales –hogar, vestimenta, modos de transportarse– distintos, dejó en la población mexicana una herida aún hoy abierta, la de la imagen.

Es rastreable hasta hoy en día cómo en México un ataque a la apariencia es de los más dolorosos, por ello los tantos apodos referentes a alguna característica física que vemos, tanto en la vida cotidiana como en la política.

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Fuente: es.wikipedia.org/

Ahora que son más claras las raíces históricas de la mirada lastimosa al distinto, la preferencia por el fenotipo europeo y es claro que México se mantiene en deuda consigo mismo, y así será mientras se prefiera al blanco sobre el moreno y al rico sobre el pobre; es labor entonces de todos los engranes que conforman la sociedad mexicana el trabajar en enmendarse con el pasado para garantizar un acceso libre a las oportunidades de la vida.