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Apátridas: aquellos olvidados que nacen sin nacionalidad

En la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se establece que todo individuo debe contar con una nacionalidad, algo que parecería evidente a simple vista. Sin embargo, muchos individuos, ya sea por cuestiones políticas, étnicas o personales no son reconocidos como ciudadanos de un país.

La apatridia representa un problema global, ya que estas personas viven en la invisibilidad social y en la vulneración de derechos humanos básicos. Se entiende por apátrida a cualquier individuo que no es considerado como nacional por ningún estado, según su propia legislación.

Si bien, la mayoría de las personas obtienen su nacionalidad al nacer, el fenómeno de la apatridia se origina también por los vacíos legales en la forma de otorgar la nacionalidad,  ya que no todos los países la otorgan de la misma forma.

Esta condición vulnera a los individuos al negarles el acceso a derechos básicos, como el acceso a educación, empleo, seguridad social y atención médica, así como a derechos políticos, civiles, y de participación ciudadana. En algunos casos, la apatridia puede obligar al individuo a desplazarse.

Aunque existen ocasiones donde se puede encontrar una solución a las situaciones individuales, existen casos que se extienden por toda la vida del afectado, llegando a heredar esta condición a su descendencia.

La Organización de la Naciones Unidas establece que existen cerca de 10 millones de personas en condición de apátridas.

Los apátridas pueden clasificarse en de jure, si el individuo solicita la ciudadanía en un estado no reconocido; y de facto: cuando el estado rechaza otorgar la ciudadanía al solicitante.

Un factor que origina este fenómeno es la falta de documentos que certifiquen el nacimiento de un niño, esto debido a problemas económicos o conflictos bélicos del país de nacimiento. Aunque también puede derivarse de una falta de interés de los padres por registrar a su hijo.

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No obstante, la causa más común de la apatridia es la discriminación, ya sea por raza, etnia, religión, idioma o género. Algunos grupos étnicos considerados como minoría representan la mayoría de los casos de personas sin nacionalidad.

Según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, la legislación de 25 países no permite a las mujeres otorgar su nacionalidad en las mismas condiciones que los hombres. Esto condena a los niños y niñas a la apatridia si su padre es ausente, desaparecido o si ha fallecido.

En el caso de que un individuo se desplace de su país de origen en condición de refugiado, el ACNUR puede reubicar al individuo en una nueva nación, aunque la lista de espera es de varios años.

En la práctica, los casos individuales resultan anecdóticos y hasta un cuanto curiosos.

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El ejemplo más conocido es quizá el del futbolista argentino Gonzalo Higuaín, quien nació en Francia cuando su padre, también futbolista, se desempeñaba en un club galo. No obstante, en ese país solo se otorga la nacionalidad a los hijos de franceses, mientras que en Argentina solo se otorga a los nacidos en su territorio.

En otro caso menos mediático, se encuentra la situación de Maha Mamo, una mujer hija de padres sirios nacida en Líbano. No obtuvo la nacionalidad libanesa ya que esta solo se otorga a hijos de ciudadanos del Líbano, así como la nacionalidad siria, ya que al ser hija de una pareja interreligiosa, algo no válido en la nación árabe. Finalmente, obtuvo el apoyo de Brasil para poder obtener sus documentos de ciudadanía en 2016.

Un caso más conocido fue el del exiliado político iraní Mehran Karimi Nasseri, quien fue expulsado de su nación por protestar contra el gobierno, y que tras ser recibido como refugiado en Bélgica, extravió sus papeles en, viéndose obligado a vivir en las instalaciones del aeropuerto de Paris. Este caso inspiró en gran parte la película “La terminal”, estrenada en 2004 y protagonizada por Tom Hanks.

Sin embargo, casos menos agradables son encontrados en diversas comunidades, que no son reconocidas por ninguna nación, como los judíos en la Alemania Nazi, los Rohinyá rechazados por Myanmar y Bangladesh, o los casos de países limítrofes, como Haití y República Dominicana, Colombia y Venezuela o la República Saharaui en Marruecos.

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Maha Mamo, activista ex apátrida tras recibir la ciudadanía brasileña. Fuente: ACNUR / Susan Hopper

El ACNUR realiza diversos esfuerzos para resolver las situaciones de apatridia alrededor del mundo.

Entre sus principales acciones es colaborar con los gobiernos para que modifiquen sus legislaciones, así evitando que más personas queden sin la protección de un estado. Esto ha surtido efecto en diversos países donde se permitió que las mujeres transmitieran su nacionalidad en igualdad de condiciones a los hombres.

La base de trabajo de esta organización es la Convención sobre el Estatuto de los Apátridas de 1954. En esta se establece por primera vez la definición de apátrida y establece la pauta para las normas mínimas de tratamiento de esta población. Además garantiza a las personas apátridas el derecho a la identidad, documentación y asistencia administrativa.

En 2014, se lanzó la campaña #YoPertenezco, donde se comprende un Plan de Acción Global entre las ONU y los países signatarios, con diez acciones puntuales a realizar. Estas comprenden el resolver las principales situaciones de la apatridia, eliminar la discriminación  en las leyes de nacionalidad, salvaguardar a las poblaciones migrantes, elaborar una documentación de nacimientos más completa y llevar un registro precios sobre estos casos, entre otras.

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  • Foto portada: fuente UNHCR / S. Rich / April 2013 (Flickr)