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Un poema de Juan Gelman para cerrar ciclos

El ser humano es un ser complejo que tiene la necesidad de atravesar por distintos procesos y emociones. Tiene la necesidad constante de sentir, de amar, de añorar, de mantener esperanzas y de tener ilusiones.

¿Qué sucede cuando el extrañar a alguien da pauta para seguir adelante, y continuar de otra manera? 

Incluso de reconocer y de reafirmar los sentimientos y sensaciones tristes como parte de un proceso de «superación», porque recordemos que la belleza del hombre radica en sus emociones.


El enamoramiento

El enamoramiento es un proceso vital necesario para el ser humano, se tiene la capacidad e incluso la necesidad de amar y ser amado (porque libera distintas sustancias químicas en el cerebro que indudablemente nos causan placer).

Dentro de esos procesos están implicadas diferentes emociones: hay amor o sufrimiento, si hay felicidad o hay tristeza.

Cada emoción protagónica tiene su contrario y esa es parte fundamental de la vida misma; caótica y decepcionante, con sus ausencias, sus vacíos, sus vicios y sus demencias. Gracias a los sentimientos humanos, existe el arte como expresión y lenguaje.

La poesía es una herramienta que ayuda al otro a encontrarse consigo mismo, con su alma y su fulgor determinante. La poesía es más allá que lenguaje, es sentimiento vivo, sensación.

El ser humano se configura mediante sensaciones todo el tiempo, por eso vive, por eso respira, y la poesía se permea en esto: en los sentimientos que configuran la vida. 

El enamoramiento es un proceso, un constructo que se forja con encanto, con deslumbramiento y deviene (a veces) en sufrimiento, porque encontramos afinidad en ese otro y cuando ocurre el distanciamiento o la pérdida total, sufrimos. 

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Es importante mencionar características del proceso mismo para entender la ausencia que deja el ser amado, plasmado en la poesía, específicamente en el poema ‘Sefiní’ de Juan Gelman.

Helen Fisher en Anatomía del amor menciona: «Casi todo el mundo conoce las sensaciones del enamoramiento. Esa euforia. Ese tormento. Esas noches en vela y esos días sin descanso».

Envueltos en éxtasis o aprensión, soñamos despiertos durante una clase o en el trabajo, olvidamos el  abrigo, seguimos de largo donde debíamos doblar, nos sentamos junto al teléfono o planeamos lo que diremos, obsesionados, ansiando otro encuentro con <<él>> o <<ella>>.  Y entonces, cuando esto ocurre, el más mínimo gesto de él nos congela el pulso.  La risa de ella nos marea. Corremos riesgos estúpidos, decimos tonterías reímos demasiado, revelamos secretos oscuros, hablamos la noche entera, paseamos de madrugada y a menudo nos abrazamos y besamos, ajenos al resto del mundo, cautivados y febriles, sin aliento, etéreos de felicidad.

En ‘Sefiní’ se encuentra la necesidad del sujeto lírico (ser que se expresa en un poema) a comunicar aquello que lo conmueve, que le molesta; el detonante que evoca un límite, fastidio y hartazgo: “basta por esta noche/ cierro la puerta/ me pongo el saco/ guardo los papelitos donde no hago sino hablar de ti/ mentir sobre tu paradero/ cuerpo que me has de temblar”


El yo lírico echa en falta a alguien

El “basta ya” implica un impulso necesario que corta, que delimita y cierra la parcialidad de un ciclo: “esta noche”; aquel en el que la otra persona estaba, pero ya no, en donde el sujeto lírico escribe, y  por medio de la escritura perdura el recuerdo, la esencia de ese otro que ya no está.

Se escribe porque se extraña, porque se evoca a ese otro por medio de las palabras.

El yo lírico decide marcharse, da pauta para culminar ese ciclo con su retirada física, porque está cansado de hallarla en el recuerdo, en su memoria, en su escritura y en todo ese contexto que deviene porque ese ser amado está ausente y ahora tiene que mentir acerca de su paradero, del paradero de ese otro; mentir porque no sabe dónde está y aquella falta, aquel vacío  provoca una reacción física que lo desestabiliza: “cuerpo que me has de temblar”.

Expresión que indica que aún no supera al ser ausente, lo que se manifiesta subsecuentemente en el siguiente apartado (verso) del poema, donde expresa las causas de la emoción que tiene, de la emoción que siente: la tristeza, donde no hace sino confirmarla: “Dejemos esto en claro/ si estoy triste estoy triste”


La afirmación de las emociones

La afirmación de la tristeza indica que él sujeto se encuentra sumergido en esa emoción y no desea ocultarlo o negarlo. Esa sensación se construye de manera uniforme en todo el poema, está triste por lo que no pasa: “porque no llueve”, por aquel que echa en falta en la distancia, manifestándolo de forma directa y justificando esa emoción: “porque estas lejos”, por las circunstancias: “porque el té está frío”, y por lo que no encuentra: “y no encuentro las llaves de mi casa”.

Aparentemente por todo eso que no está, por todo aquello que quisiera encontrar; “y porque no encuentro mis llaves ni mis puertas”.

Y no es solo el hecho de que no encuentre sus llaves, acto cotidiano, sino que las puertas para el sujeto lírico ya no existen, porque ese ser amado ya no está, la figura de las puertas podrían presentarse como “cerradas” pero para él, es mucho más grave: están ausentes. 

Las cosas y su contexto se desintegran, devienen constantemente, porque el amor da orden y sentido.

Joaquín Xirau en Amor y mundo menciona que el amor es una forma permanente del espíritu, una actitud radical de la vida que condiciona los fenómenos y los contenidos y les presta una orientación y un sentido. 

El vacío que ha dejado el ser amado desencadena esos acontecimientos insatisfactorios para el sujeto lírico, permea el sentimiento en todas esas cosas que están aparentemente mal, en las fallas, en el té que está frío, si la amada estuviese ahí, quizá los factores no se hubieran desencadenado de esa forma.

La tristeza no sería protagonista y ese yo lírico no meditaría aquello que se encuentra en su existencia; en su condición de humano. 


El amor como fuerza motriz

El amor es una fuerza que renueva e ilumina el universo, es así que a falta de ese otro, el sujeto lírico no encuentra orden en su mundo. 

Las situaciones que se van presentando tienen que ver también con el tiempo, con su existencia, su condición de humano y la vida misma: “Estoy triste porque el aire susurra lejos/ y se hace esperar igual que el futuro/ estoy triste porque el destino me propuso/ una llamada a los deseos imposibles/ y me rehusó a negar la propuesta/ y porque la vida se rehúsa a dejar que se vayan lejos”

La personificación en el poema, sirve para brindarle fuerza a las abstracciones como: vida, aire, destino y futuro; palabras que poseen una carga semántica importante y determinante.


El ser humano como temporalidad

El ser humano es temporalidad y por ello es finito; el espacio en el que se encuentra el sujeto lírico es el presente, en donde el aire se equipara al futuro y ambos se manifiestan lejanos, distantes;  igual que la figura del destino en donde se hayan plasmados esos deseos.

El sujeto lírico posteriormente contrasta su optimismo con la debilidad y la cobardía: “Estoy triste  porque no puedo dejar de tener fe en el valor de / los débiles y los  cobardes/ vale decir que venceremos” el sujeto lírico se incluye como parte de ese grupo: “los cobardes y los débiles” así por fin demostrando que es humano y que el otro al que quiere (que podría ser cualquiera; tú, yo o toda la humanidad). 

“Estoy triste porque eres humano y así/ te quiero/ con tus fallas, tus arranques/ estrepitosos y tus cadencias eternas/ estoy triste porque fallas/ y porque aseguras mi muerte y a veces mi vida.” 

Nuestro protagonista va cambiando su tristeza y permeándola en la vida, esa tristeza se manifiesta en una clase de optimismo y de esperanza que confirma al otro: al hombre, al ser humano.

“Estoy triste  porque el mundo da sus vueltas/ y yo me niego a darme la vuelta a mirar el pasado con ojos de / solemnidad y ganas de destierro/ y por los que no pueden hacer las paces con mis antes y sus antes lejanos hoy”

El yo lírico se rodea de mundo y de tiempo, equiparable en su existir y en su finitud como ser humano. Los acontecimientos no pueden mantener una constancia fija, es decir: los momentos van cambiando, las personas se van, las emociones también se modifican: la tristeza y el amor no son eternos.


Cierre de ciclos 

El principal motivo por el que está triste, es el mismo del inicio, en donde está triste por el ser amado, donde se va de ese lugar común que es el amor para posteriormente recurrir al duelo y a  la superación de ese sentimiento.

El mundo al que él pertenece en el presente es caótico, y lo asume y lo reconoce constantemente; en donde por fin decide cerrar un ciclo y manifestar escritural u oralmente ese: “basta ya”, “se acabó” (inmerso en el título del poema en francés, no escrituralmente pero si fonéticamente).

“Pero lo más importante/ estoy triste porque no llueve/ porque el/ té esta frío y porque hoy me voy de ti sin ojos solemnes ni ganas de destierro”

El sujeto lírico confirma recurrentemente que se encuentra triste y de ahí tendrá que salir algún día, por eso menciona: “si estoy triste estoy triste no me convenzan de lo contrario”.

¿Por qué negarlo, por qué ocultarlo?

El ser humano tiene la tendencia o la manía de ocultar las cosas dolorosas, apaciguándose a sí mismo con un “no pasa nada”, cuando en realidad está ocurriendo demasiado.

La voz lírica se confirma en el dolor, y por lo tanto confirmar a ese otro en su tristeza funciona para poder sanar.

“Si estoy triste estoy triste, no me convenzan de lo contrario. Después de tanto tiempo ahí vuelvo a aparecer… esto es mío” 

Existe una pauta en el poema  donde posteriormente el sujeto reaparece, menciona el tiempo: “después de tanto tiempo ahí vuelvo a aparecer”, un lugar inconcreto: “ahí”.

¿Dónde? ¿En el mismo sentimiento, en la tristeza, en el amor, en su presente, ya superado, en donde la nostalgia no tardó en aparecer, o en la superación de todas esas circunstancias?

Para finalmente reaparecer y mencionar que todo eso por lo que pasó: la ausencia, el dolor, el vacío, todo eso  es suyo. 

El tiempo es un gran aliado para poder cerrar ciclos.