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Tetzahuitl, los mexicas explicando la conquista.

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Si hablamos de indígenas mexicas te llegarán algunas ideas a la cabeza: basamentos piramidales, sacrificios humanos, un chingo de dioses, y una extraña pero interesante correlación con su entorno. Los mexicas no eran tan diferentes a nosotros, fueron personas con pasiones, dudas y temores quienes intentaron darle una explicación coherente al mundo que los rodeaba y que a causa de la conquista poco a poco estaba llegando a su fin.

De todas esas interrogantes surgió una que retumbó en la conciencia de muchos indígenas: ¿Por qué cayó Tenochtitlan? La respuesta es muy simple, fue designio de los dioses. Esta afirmación parece un tanto vacía, pero para los indígenas que vivieron y sobrevivieron al proceso de conquista ese futuro había sido predicho una década antes por los Tetzahuitl, los presagios de la conquista.

Manuscrito Durán-Tetzahuitl-presagios-de-la-conquista


El mito es una historia verdadera.

Seguramente habrás escuchado que los indígenas nahuas apaleaban a una cosmovisión totalmente distinta a la nuestra, es decir, tenían una forma particular de comprender el mundo. Los sueños, visiones, mitos y leyendas tenían una gran repercusión en la realidad indígena. No eran cuentos ficticios, era parte de su historia verdadera.

El fraile franciscano Fray Bernardino de Sahagún, en el libro quinto de su Historia General de las Cosas de la Nueva España, recopila algunos de los mitos y supersticiones que tenían los indígenas; de cómo era un mal presagio ver a un conejo entrar a la casa, o si los roedores comían las ropas de una persona era porque estaba enamorado o siendo adúltero. Incluso estas supersticiones han trascendido la barrera del tiempo, pues fueron los indígenas quienes determinaron que el estornudo era una señal de que alguien estaba hablando de ellos.

¿Ya habías escuchado algo así?


¿Saben interpretar las señales?

Todos estos ejemplos son hierofanías: manifestaciones de lo sagrado en el mundo material, repercuten en la realidad, y en este caso predicen un posible futuro, sin embargo el tetzahuitl además de servir como augurio posee otras cualidades, usualmente estos prodigios premonitorios son de gran magnitud, visibles y asombrosos, provocan una perturbación ante el espectador, espantan. Además de que un tetzahuitl usualmente es un presagio de carácter funesto. Así comenta el profesor Miguel Pastrana al respecto:

“El tetzahuitl, como manifestación de los dioses o como simple suceso extraordinario, era, para los antiguos nahuas, parte de la misma dinámica del mundo y como tal está presente en las narraciones históricas […] es el antecedente de los grandes acontecimientos: guerras, muerte de importantes señores, la ruina de las ciudades o todos estos sucesos en conjunto”.

A pesar de que los presagios son una constante en la cotidianidad indígena no se puede hacer mucho para prevenir su impacto esto sucede por dos motivos. El primero se relaciona con la cosmovisión y es que estos acontecimientos ocurren por designio de las deidades indígenas, es parte de su proceder sobre el mundo y a pesar de que había gente especializada para tratar los asuntos espirituales, mágicos y religiosos, no se puede disuadir a las deidades en sus decisiones. Y la segunda razón, apelando un poco más al análisis del fenómeno, es que el tetzahuitl solo tiene sentido a posteriori, es decir, una vez que ocurre el desafortunado acontecimiento que supuestamente había predicho.


Diez años atrás.

Así que ante el asombro de la caída de Tenochtitlan los indígenas apelaron a la memoria, a su memoria histórica. ¿Qué pasó?

Cuentan que una década antes ocurrió un evento extraordinario, una enorme columna de fuego apareció durante la noche al oriente de la ciudad, el temor no se hizo esperar, los habitantes de la ciudad se preguntaban qué ocurría, nadie les pudo dar respuesta. Esta fue la primera señal más no la última.

El siguiente prodigio sembró el terror en los corazones de los tenochcas pues una tarde, sin motivo ni razón el templo de Huitzilopochtli, deidad patrona de Tenochtitlan, comenzó a arder, las llamas abrazaban con gran rapidez la madera del templo, la gente intentó sofocar el fuego pero cada cántaro de agua que se vertía en el incendio solo parecía darle más vida al fuego… “No pudo apagarse: del todo ardió”…

Huitzilopochtli era la deidad más importante de los Mexicas, fue él quien les enseñó el camino al lago de Texcoco, y perder su templo sin duda fue doloroso para sus devotos, no pasaría mucho tiempo para que el templo de otra deidad fuera víctima de un nuevo portento.

Así la memoria indígena rescató los eventos que la daban sentido a la conquista: un rayo impactó un templo de Xiuhtecuhtli, las aguas del lago saltaron como si hirviesen dentro de una olla destruyendo e inundando las casas. Por las noches la Cihuacoatl salía del templo a pasearse por la ciudad exclamando con lágrimas en sus ojos, sufriendo por el impredecible futuro de sus hijos, los mexicas.

Se dice que una de las últimas señales ocurrió sólo ante los ojos del Tlahtoani. Un día, unos macehuales atraparon en sus redes un pájaro muy extraño, como garza, pero tenía en su cabeza un espejo, como si se lo hubiesen incrustado en el cráneo. Los laguneros inmediatamente llevaron el ave ante su Tlatoani Motecuzomatzin.

Asombrado ante tal fenómeno de la naturaleza el Tlahtoani echó un vistazo al espejo, y vio la noche y las estrellas, siendo que en ese momento estaban a medio día.

Esto generó gran angustia en el corazón del gobernante, dio un segundo vistazo y lo que vio fue aún peor, había una gran cantidad de personas, todos preparados para la guerra, con chimalli y macuahuitl en mano, peleando unos contra otros.

Inmediatamente el Tlahtoani Motecuzomatzin, mandó a llamar a sus maestros sacerdotes para que vieran lo que estaba pasando. Sin embargo cuando ellos lo observaron el espejo no mostró señal alguna.

Nadie, ni los hombres más sabios de Tenochtitlán podían comprender las señales que los dioses mandaban, solo había una certeza, el mundo no sería igual.

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