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¿Por qué conmemorar el Día del Orgullo?

Bien, el 28 de junio se celebra el Día del Orgullo LGBT+ y a pesar de que hay muchos que se lo cuestionan, sí, aún es necesario recordarlo y celebrarlo. Y es que vivimos en una sociedad que poco entiende sobre libertad; no sólo de pensamiento y expresión, sino también de ser.

Queremos una libertad que no estamos listos para respetar sin importar la etiqueta con la que se marche. Estamos dispuestos a cancelar, señalar y repudiar a quienes vayan contra el colectivo o lo que la normativa llama “el deber ser”. Sin importar qué o cuál sea ese colectivo. Y a pesar de que al día de hoy, en pleno 2021, las minorías que a lo largo de los años han tenido que permanecer en las sombras por miedo a la opresión, están tomando mayor impulso y visibilidad –lo cual claramente aplaudo–, considero que aún queda mucho trecho por avanzar y por tanto, recordar y conmemorar días como el Día del Orgullo es esencial.

Repito: El ideal, en mi distópica realidad, es que NO existan etiquetas porque todos —y digo todos en serio— tenemos características que nos hacen diferentes y únicos. Nos hacen ser nosotros: creencias, religión, política, preferencia sexual, helado favorito… todo forma del paquete de identidad y poco debería importarle a la gente. Ya lo decía Juan Gabriel en una de mis canciones favoritas: «¿Para qué tanto problema? No hay como la libertad de ser, de estar, de ir, de amar, de hacer, de hablar, de andar así sin penas».

El problema es que aún hay problema.

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Por eso es que aún hay que seguir luchando, por eso es que hay que salir a la calle para gritarle al mundo quiénes somos con Orgullo (sí, con mayúscula); es un día para conmemorar el recuerdo de quienes lucharon para que yo hoy pueda salir a la calle tomado de la mano de quien me plazca, de poderle brindar Seguridad Social a la persona con quien quiero compartir mi vida y consumar el amor a los ojos del hombre con una sortija como promesa. De ser visto como un ciudadano con libertad de elección y hacer valer mis derechos sin condiciones. Es un día para recordar a quienes murieron en medio del silencio y la mentira de una vida que no querían tener por miedo a ser juzgados. Para aquellos que vieron su vida arrebatada por el odio y la incomprensión de una sociedad que se resiste a evolucionar. Por aquellos que son invisibles ante sus familias por ser quienes son.

Es un día para decirle a la gente que no hay nada de malo en nosotros ni en nadie.

Es un día para que quienes aún viven a la sombra de la duda, se destapen la mascara y encaren al mundo seguros de simplemente ser; seguros de saber que hay un mar de gente que los comprende y los arropa. Porque contrario a lo que se puede pensar, la batalla personal es quizá la más difícil de lidiar y salir victorioso con banderas blancas: el mirarte al espejo y reconocerte sin mentiras, miedos ni prejuicios que empañen la imagen.

El Día del Orgullo es justo un recordatorio que no hay nada de lo cual avergonzarnos –ni los que forman parte de la Comunidad ni nade–; que no es una enfermedad, que no se contagia y que no nos hace más o menos que nadie.

Simplemente nos hace ser. Y punto.

  • Foto portada: fuente / contrapunto.red