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‘Nunca en Halloween’, tercera parte; historia de terror

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Cuando la noche de Halloween termina, algunas de las historias acontecidas se olvidarán; otras más, en cambio, perdurarán más allá de los limites fijados por esa celebración, asegurándose de formas extrañas que lo aprendido jamás se olvide, y que aquellos que se atrevieron a desafiar lo estipulado por las reglas de la naturaleza, paguen con lágrimas y cordura el equilibrio que se rompió, pues las reglas con muy claras; no jugar con fuerzas que despiertan en nosotros una gran curiosidad, especialmente esas sobre las que evidentemente no tenemos control alguno. Nunca, por nada del mundo, debemos menospreciar esas reglas que para muchos parecen absurdas o fantasiosas. El ser o no creyente, no es excusa, el ser humano, no debe involucrarse con las fuerzas que provienen del más allá. Hay cosas que son reales y que no podemos ver, sin embargo; eso no significa que no sean verdad. Son tan reales como el aire que respiramos y sentimos; el mismo que no somos capaces de observar. 

Algunos espíritus, especialmente aquellos que en vida sucumbieron ante las tentaciones ofrecidas por el lado oscuro, tan solo necesitan una oportunidad para regresar al mundo de los vivos y terminar con esos asuntos que se vieron fuertemente interrumpidos por la llegada inesperada de la muerte. Solo basta un descuido, o una inofensiva noche de juegos para que el desastre se desenvuelva, para que una vida sea tomada por otra, tal y como acontece en el desenlace que a continuación sus ojos habrán de recorrer. Esta, es la tercera y última parte de la historia a la que he titulado ‘Nunca en Halloween’; disfrútenla

nunca en Halloween
Fuente: as.com

Entra a todas las habitaciones, hasta dar con la que pertenecía a esa mujer. Sin ninguna muestra de respeto, Hugo se desplaza al interior de ese cuarto, revisando los cajones y el clóset con cínica desfachatez. Definitivamente, se sentía airado, como si hubiera descubierto la tumba de algún poderoso faraón; de algún poderoso gobernante. 

A sus espaldas, se encontraba ese gigantesco y refinado espejo ovalado de Doña Inés en el que probablemente ella se había mirado todas las mañanas y todas las noches, si es que era verdad que se trataba de una mujer tan vanidosa. Ese objeto, ante sus ojos, no era más que un cacharro; algo que ni siquiera ameritaba su atención. 

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Se aproxima, mirándose en ese espejo, haciendo caras graciosas, mofándose de lo que antes se le había dicho. Sonreía y se quedaba serio, viéndose de arriba abajo. Exagerando las posturas que su imaginación recreaba en torno a esa señora de gran abolengo. 

-Durante esta noche hay tres reglas que primordiales que nunca debes romper; nunca uses la ouija al pasar de las 12. Jamás invadas el espacio de un muerto, y por último; nunca te mires al espejo-a las espaldas del adolescente una voz ronca y tenebrosa comenzaba a retumbar. 

En ese instante, la ventana se abre violentamente debido a una impetuosa ventisca helada que entraba en la recamara. Al regresar su mirada al espejo luego de esa interrupción, se encuentra con la imagen de Doña Inés en lugar de su reflejo. La mirada de la mujer se clavaba en su alma, como si él tuviese algo que a ella le faltaba y que esa noche, podría conseguirlo gracias a su desafío y a la energía macabra que se esparcía en el aire.

-desacataste las reglas y ahora pagarás las consecuencias-el rostro de esa anciana, quien aún lo miraba de forma malévola se va transformando en el rostro de una criatura de gigantescos ojos amarillos y de cuernos largos y enroscados. 

A partir de esa noche, la vieja casona tuvo una nueva mancha en su ya negro y retorcido historial, pues al cabo de ese Halloween los cuerpos de 4 adolescentes fueron localizados al interior de la morada maldita, apuñalados, con las miradas desorbitadas, en medio de una mueca que no denotaba otra cosa más que horror.

Del cadáver de Hugo jamás se supo, nunca hubo rastro. Muchos piensan que logró escapar, o que sencillamente se quitó la vida estando lejos. Nadie nuevamente, vuelve a tener los argumentos reales de lo que sucedió. Lo único que ahora llama la atención es que en cada Halloween desde entonces, las rosas de ese jardín amanecen regadas y perfectamente cuidadas, (de acuerdo con algunos testigos que solo se animan a contemplarlo de lejos), gracias a la intervención de un personaje de largas túnicas negras, cuya identidad permanece oculta hasta de los delicados rayos del sol. 

  • Foto portada: fuente / besthdwallpaper.com