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Los monumentos de Yugoslavia: un recuerdo silente

Para aquellos que nacieron en la década de los 90 del siglo pasado aquel conflicto político, ideológico, económico denominado Guerra Fría es únicamente parte de los libros de historia (cuando la situación permite que se llegue a esa parte del temario). Más extraño resulta para las generaciones más jóvenes, el enterarse de la existencia de países que no sobrevivieron hasta nuestros días.

Uno de los Estados que tuvo un papel destacado en el enfrentamiento que definió al mundo de la segunda mitad del siglo XX fue la República Federativa Socialista de Yugoslavia, compuesta por la República Socialista de Bosnia y Herzegovina, la República Socialista de Croacia, la República Socialista de Eslovenia, la República Socialista de Macedonia, la República Socialista de Montenegro y la República Socialista de Serbia.

Spomenik en Podgarić, Croacia. Se construyó en 2 años

Contrario a la creencia popular, Yugoslavia no nació con la Guerra Fría, de hecho, antes de la existencia de la República Federativa Socialista de Yugoslavia encontramos al Reino de Yugoslavia (conocido hasta antes del octubre de 1929 como Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos), que fue ocupado por las potencias del Eje en 1941 y oficialmente abolido entre 1943 y 1945 con la invasión alemana; durante ese tiempo se le conoció como República Democrática Federal de Yugoslavia (1943) y República Federal Popular de Yugoslavia (1945).

Para no extender de más esta introducción, basta decir que incluso tras la disolución de la República Socialista Federativa en 1991 existió un país denominado República Federal de Yugoslavia hasta el 2003, años en que el territorio cambió su nombre a Serbia y Montenegro, países que se separaron en 2006 y son independientes en nuestros días. Con el breve repaso anterior no debe extrañarnos que se erigieran monumentos para celebrar y conmemorar episodios importantes de la vida del otrora Estado nación.

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Los monumentos (abandonados) de Yugoslavia

Si bien sería interesante abordar la historia de los paneslavos —cuyos colores son el azul, blanco y rojo—, así como las guerras yugoslavas (de donde salió el término de balcanización), o hablar largo y tendido de la película  ‘Underground’ que muestra de forma fílmica lo narrado en el apartado anterior, hoy nos centraremos en los místicos monumentos que siguen en pie y que recuerdan la existencia de Yugoslavia.

La construcción de los mismos es atribuida a Josip Broz, popularmente conocido como “Tito” y quien no necesita presentación, no sólo el gobernante de la Yugoslavia socialista hasta su muerte (incluso varios especialistas apuntan a que la muerte de Tito fue la causante de la disolución del país), también líder del movimiento de los países no alineados y sin duda uno de los líderes políticos que marcaron el siglo XX.

Spomenik en Kosmaj, Serbia, terminado en 1971. Actualmente abandonado

Las edificaciones fueron creadas para conmemorar la muerte de los caídos durante la Segunda Guerra Mundial (especialmente de civiles, pues la ocupación del Tercer Reich fue brutal y no distinguió ni siquiera a la infancia) y algunos de los nombres de los arquitectos que participaron en su creación son Bogdan Bogdanović, Juraj Neidhardt, Svetlana Kana Radević, Edvard Ravnikar, Vjenceslav Richter y Milica Šterić. Durante el segundo trimestre de 2018, el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA)  albergó la exposición Toward a Concrete Utopia: Architecture in Yugoslavia, 1948-1980 que terminó por arrojar luz sobre estas misteriosas estructuras.

Los spomeniks, como se le conoce fuera de los territorios ex yugoslavos a estos monumentos (aunque en realidad serían spomeci, plural de spomenik que en serbocroata significa monumento) se crearon con la finalidad de enaltecer la memoria de las víctimas y favorecer la proliferación del nuevo hombre yugoslavo. Sin embargo, con la independencia de los otrora miembros de la unión, los spomeniks quedaron en el abandono, pues recuerdan un pasado incómodo (de sometimiento a la identidad nacional, amén de ser comunistas).

Spomenik en Ostra, Serbia. Su construcción comenzó en 1969 y duró dos años

De los 12,000 monumentos que se levantaron para conmemorar a los muertos que forjaron la identidad de la nación yugoslava quedan en pie menos de una centena, abandonados en los bosques de siete países diferentes. La mayoría fueron destruidos durante las guerras de los 90 del siglo pasado y otros tanto vandalizados. Y si bien su diseño recuerda escenarios futuristas o películas de ciencia ficción, lo cierto es que al contemplarlos recordamos tragedias humanas.

En la actualidad el interés por los mismos ha motivado el turismo y existen los cazadores de los spomeniks, quienes se dedican a encontrar la ubicación de las edificaciones y fotografiarse en ellas. ¿Conoces un episodio similar en tu país? Si es así, compártelo con nosotros en los comentarios y también si te gustaría que continuáramos abordando episodios de la otrora Yugoslavia. Nos leemos la próxima semana.

Spomenik en Lokovdol, Croacia. Se mantiene en buenas condiciones
Spomenik en Dražgoše, Eslovenia. Se encuentra en perfecto estado y se le brinda mantenimiento
Spomenik en el bosque Ruduša, Croacia. Abandonado