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‘Gattaca’, ¿un avance científico o el camino a la deshumanización?

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A lo largo de su existencia, el ser humano ha realizado una infinidad de intentos por comprender fenómenos que le resultan difíciles de percibir, tales como el comportamiento de los planetas o, en una escala extremadamente más pequeña, el desarrollo de los organismos vivos a partir de su información genética.

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Fuente: El País

En 2012 Jennifer Doudna, Emmanuelle Charpentier y sus colaboradores, anunciaron que eran capaces de reprogramar el sistema inmune presente en las bacterias, conocido como CRISPR. Este sistema permite a los organismos registrar ADN de algunos virus que han atacado con anterioridad para, posteriormente, detectarlos y destruirlos. Es como una inmunidad adquirida.

La reprogramación de este sistema permite rastrear y modificar casi cualquier gen. Es aquí donde entra lo que se conoce como edición genética, un proceso de alteración del ADN de un organismo para cambiar sus características: se extrae una parte de la secuencia genética, se modifica y se vuelve a insertar, como si se usaran tijeras y pegamento.

Este tema es sumamente controversial y delicado dentro de la comunidad científica debido a las posibles consecuencias de su implementación en seres humanos. Por un lado existe el argumento de que este sistema ayudaría a entender la evolución de enfermedades como el cáncer u otros padecimientos hereditarios.

Por otra parte, este método podría utilizarse también para provocar alteraciones en el ADN de generaciones futuras. Así, cabría la posibilidad (en un futuro lejano) de predecir características de un embrión y determinar desde el riesgo a padecer ciertas enfermedades hasta su estatura o capacidad atlética.

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Una raza pura

¿Qué ocurriría si este método de alteración genética se utilizara no sólo como tratamiento médico, sino como una forma de crear una población de humanos casi perfectos? ‘Gattaca’, una película de 1997 dirigida por Andrew Niccol plantea un posible escenario.

En este filme la sociedad se rige bajo la discriminación a partir de las características genéticas de las personas, algo a lo que llaman “genoísmo”. La pertenencia a una clase social está determinada no por la situación socioeconómica, sino el nivel de “perfección” del ADN.

De esta manera, quienes pertenecen a la élite son personas nacidas mediante la selección artificial de genes, mientras que la clase “inferior” está conformada por quienes se desarrollaron, desde su concepción, sin mejoras ni alteración alguna del ADN.

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‘Gattaca’ nos narra la historia de Vincent Freeman (Ethan Hawke), un joven que desde nacido fue diagnosticado con propensión a una larga lista de enfermedades y trastornos. Dado el contexto en el que nació, sus aspiraciones de vida y profesionales eran limitadas.

Aferrado a la idea de que su posición en desventaja no era justa, encuentra la manera de suplantar la identidad de un miembro de la élite para conseguir lo que desde niño había soñado: viajar al espacio.

Más allá de los esfuerzos del protagonista al no aceptar lo que le estaba predestinado al nacer, ‘Gattaca’ expone que los avances científicos y tecnológicos benefician únicamente a quienes tienen acceso a ellos. De igual forma, sugiere que estos pueden contribuir a la meta de crear una raza humana lo más “pura” posible. ¿Les suena familiar?

Debate actual

‘Gattaca’ presenta un escenario en el que la comunidad científica acepta la edición genética como método para alterar embriones humanos. Sin embargo, en la vida real es muy distinto.

En marzo de 2019 un grupo de expertos y expertas redactó una propuesta de suspensión de cinco años para los experimentos de esta índole en seres humanos, dado que aún no se conocen los posibles efectos secundarios de manipular el genoma. Además, existe un sinfín de implicaciones legales y éticas aún sin resolver.

La investigación con fines terapéuticos está permitida y se considera necesaria. El riesgo recae en el uso de estas técnicas con fines de “mejorar” la especie, pues a pesar de los grandes avances que se han desarrollado, no está de más recordar que el código genético se compone de 3,6 mil millones de letras. Hasta la más diminuta modificación puede tener consecuencias.