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Fake news y posverdad: catapultando al coronavirus

El SARS-CoV-2 logró paralizar al mundo, pues la enfermedad que produce —el coronavirus—, tiene un alto índice de contagio y si bien se creyó en un primer momento que el virus lo único que ocasionaba era una gripe y que sólo era mortal para los adultos mayores y los inmunodeprimidos (aquellos que presentan enfermedades crónico degenerativas: diabetes, hipertensión…) en fechas recientes se ha visto que se desconoce bastante alrededor de esta enfermedad. Dicho desconocimiento es entendible, pues esta especie de coronavirus es nueva; sin embargo, lo que comenzó a preocupar a más de uno fueron las fake news (noticias falsas), que comenzaron a proliferar alrededor del mismo.

Ahora bien, antes de continuar es necesario que todos partamos de una base común. Si aún no estás familiarizado con la principal terminología medica o desconoces nociones básicas del coronavirus, la recomendación es que revises:  «Coronavirus la información que necesitas conocer» y «COVID-19: el origen de una enfermedad anunciada», ambos escritos con afán de divulgación y que no sólo cuentan con fuentes verificadas, sino que sirven como una aproximación ideal al tema. Si consideras que conoces lo básico sobre la enfermedad, continúa sin problemas.

Fuente: elespanol.com

Antes de arrancar una última puntualización: este no es un texto sobre el coronavirus, sino sobre la desinformación causada por las fake news que se difunden con una facilidad impresionante por internet; hacia el final, aterrizaremos algunas ideas y podremos identificar el daño que ocasionan en México. Las cuestiones científicas y la divulgación de lo último sobre la pandemia lo dejamos en manos de los profesionales de la salud —doctores epidemiólogos, académicos especializados en los coronavirus y enfermedades respiratorias agudas y demás miembros del personal de salud— y en los divulgadores científicos —aparentemente no tenemos ninguno en el país no solo por el tono de las preguntas que realizan los asistentes a las conferencias informativas que organiza la actual administración mexicana (las famosas mañaneras y ahora las conferencias de la tarde, enfocadas exclusivamente en el tema de la epidemia), por lo que de aquí surge también una invitación a los profesionales de la comunicación a profesionalizarse en esta área  y a la población en general a interesarse por la ciencia en el país—.


Fake news

Muchos escucharon o leyeron por primera vez esta palabra durante la campaña presidencial de Donald Trump, actual mandatario de la Unión Americana, quien no temía rebatir (todavía lo hace) a cualquier noticia que lo hiciera quedar mal —o engrandecería a sus adversarios—, con un enérgico: ¡fake news! Sin embargo, las noticias falsas son de más larga data. Y de hecho, aunque se culpa a internet por su aparición, las fake news siempre han encontrado plataformas donde reproducirse.

De acuerdo con  Steven Poole, el universo anglosajón registró la palabra “disinformation” (desinformación), durante los primeros años de la Guerra Fría, como un préstamo y derivación del ruso “deszinformacija”, el cual hace referencia a los mecanismos de propaganda para confundir al rival (reporte de un mayor número de tropas, de sofisticado sistema de armamento, poco interés en enclaves estratégicos…). Empero, a finales del siglo XVI, específicamente en 1756, “misinformation” (información equivocada), apareció en un escrito de Samuel Johnson sobre el rey de Prusia.

Fuente: lavanguardia.com

Sin embargo, la historia de las noticias falsas se remonta prácticamente al inicio de la humanidad y se encuentra en los primeros registros humanos. En “Before Trump, a long history of fake news”, Oliver Thibault recupera las declaraciones de investigadores y académicos universitarios que han desmentido lo que se considero cierto por bastante tiempo. El investigador francés Francois-Bernard Huyghe descubrió que la popular victoria del faraón Ramsés II sobre los hititas en la batalla de Kadesh —enfrentamiento aproximadamente en 1274 antes de nuestra era—, prácticamente fue una semi derrota, pero los registros jeroglíficos y la propaganda sobre el tema nos hicieron creer lo contrario.

Por su parte, Robernt Darnton —historiador adscrito a Harvard— señala que lo narrado en “Anecdota” de Procopio de Cesarea (probablemente el historiador bizantino más popular) está lleno de información cuestionable al momento de abordar los escándalos del emperador Justiniano. Lo propio hacen Robert Zaretsky con los libelos franceses del siglo XVIII, cuyo contenido señala como mitad realidad, mitad ficción.

Fuente: tabascohoy.com

Y aunque parezca que la existencia de sitios web dedicados a difundir fake news es algo novedoso (MediaMass,  National Report), proliferaron durante el siglo XIX los canards, especies de periódicos cortos que contenían noticias falsas: fueron extremadamente populares aquellos números dedicados a la criptozoología (y en internet son todavía extremadamente populares los videos de presuntos  avistamientos de Pie Grande, El monstruo del Lago Ness, el Chupacabras, duendes, hadas y demás criaturas). Para cerrar este apartado, recuperamos la definición de fake news de Pascal Froissart:

“Noticias falsas que se encuentran en los medios de comunicación, aun cuando existen —y en ocasiones se tienen—, los datos que las invalidan”.


Posverdad

Si ya es complicado intentar entablar discusiones sobre la verdad desde la epistemología de la ciencia —¿existe? ¿se puede acceder a ella?— las fake news complejizaron todavía más la cuestión, pues con su análisis y proliferación se tuvo que contemplar la acuñación de un término que explicara su auge. Así en 2016, el Oxford Dictionary señaló que la palabra del año era posverdad (post-truth). La definición que brinda la institución sobre el particular a la letra dice:  «la posverdad está relacionada con o denota circunstancias en donde los hechos objetivos son menos influyentes para moldear la opinión pública que la apelación a las emociones y las creencias personales”.

La palabra, de acuerdo con Lee McIntyre —Doctor en Filosofía y académico estadounidense— en su libro Post-Truth, tiene su antecedente en truthiness, acuñada en 2005 por Stephen Colbert, quien la uso para describir el ser persuadido por algo que parece o se siente real, incluso si no esta respaldado con datos o hechos. Cabe resaltar que Colbert aportó esta palabra a la lengua anglosajona en un contexto donde el otrora mandatario de Estados Unidos, George W. Bush, señalaba que confiaba en su instinto para tomar decisiones de política interna y política internacional (invadir Iraq por sospechar de la existencia en el país de armas de destrucción en masa).

Fuente: sumandohistorias.com

Siguiendo en esta misma línea, McIntyre señala que la definición de Oxford se centra únicamente en que es la posverdad, olvidándose por completo de investigar por qué ocurre. Así, el académico e investigador estadounidense propone entender a la posverdad como

“una forma de supremacía ideológica, cuyos practicantes intentan convencer a alguien de creer en algo, sin importar si existe buena evidencia sobre el particular para creerlo”.

Además, propone que no pensemos que esto ocurre espontáneamente, alguien se beneficia de la posverdad —la cual a su vez es catapultada por las noticias falsas—. Así, los partidarios de la posverdad consideran realmente que la mentira sobre un hecho cambia gracias al clamor popular. Para cerrar, el oriundo de Portland, Oregón, señala que “en la era de la posverdad el desafío no recae en la manera de conocer la realidad, sino que es esta última la que se encuentra amenazada”.


Fake news, posverdad y medicina: ahora el coronavirus

Ahora, la pandemia actual hace que la proliferación de noticias falsas alrededor del coronavirus este a la orden del día. Sin embargo, la ciencia, especialmente el área de la salud tiene una historia de larga data con las noticias falsas y la posverdad. El 26 de febrero de 1998 se publicó en Lancet —una de las revistas más prestigiosas del mundo en materia de salud— un “articulo científico” en donde Andrew Wakefield señaló que existía relación entre la vacuna MMR (measles, mumps and rubella) —la famosa triple viral en México que protege contra el sarampión, rubeola y parotiditis/paperas— y el autismo y la inflamación intestinal grave.

Fuente: bbc.com

La difusión de ese estudio fue brutal y por más que se intentó calmar a la situación señalando que no existía sustento científico sobre la vacunación y el autismo, el daño estaba hecho: el movimiento antivacunas logró cooptar a miles de padres preocupados, los cuales no participaron en los esquemas de vacunación por temor a terminar con hijos autistas. El resultado: el primer trimestre de 2017 se propagó una epidemia de sarampión en Europa, donde había para ese periodo 500 infectados y 35 muertos (eso sin mencionar el regresó de estas enfermedades a países donde se consideraban inexistentes, como México; al 17 de abril de este año, la Secretaría de Salud contabilizó 150 casos).

La historia anterior terminó en 2010 con el Consejo General de Medicina de RU retirándole a Wakefield la licencia para ejercer la profesión. No obstante, desde 2004 se presentó evidencia de que el otrora médico había pedido la patente para una vacuna contra el sarampión que competiría con la MMR. ¿Alguien más ve la guerra sucia y el conflicto de intereses? Y aunque diez años después de la publicación The Lancet salió a desmentir categóricamente las conclusiones del supuesto estudio, las consecuencias continúan hasta el día de hoy.

Fuente: newsweek.com

Lo anterior se puede ver agravado cuando un político o un medio de comunicación particular decide difundir su posverdad. Nada más basta recordar que desde 1995 y hasta el 2000, el entonces presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, desdeñó los antirretrovirales para tratar el VIH/SIDA y señaló que con ajo y jugo de limón se podía combatir al virus y al síndrome, lo que ocasionó que en 2001 tuviera que buscar la manera de burlar las patentes y la propiedad intelectual, pues el 50% de su población padecía esta enfermedad. Por eso, yo sí agradecí que el mandatario mexicano borrase de sus redes sociales el vídeo donde invitaba a las personas a salir y comer en las fondas y pequeños negocios locales.

Empero, existen entes privados corporativos por todo el mundo, que con los medios que han obtenido —especialmente los medios de comunicación— buscan hacer prevalecer sus intereses: el principal es la acumulación infinita de capital en un mundo de recursos finitos (pero no se preocupen que los polos de poder en las relaciones internacionales apuestan por la minería espacial para conseguir minerales y otros recursos de asteroides y demás objetos cercanos a la Tierra).

Fuente: polemon.mx

Así, en una lógica empresarial y capitalista que no debería sorprendernos, en la transmisión del 17 de abril de Hechos —conducido por Javier Alatorre—, espacio “informativo” que forma parte de la barra de programas de TV Azteca, parte del consorcio empresarial de Ricardo Salinas Pliego, el presentador de noticias pidió a su público que y cito “Ya no le hagan caso a López-Gatell. Sus cifras se volvieron irrelevantes”.

Lo anterior, tal vez no te parezca alarmante, pues consumes noticias en internet, pero la verdad es que la televisión es uno de los principales medios de comunicación al que tienen acceso los mexicanos: de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la información en los Hogares (ENDUTIH): en 2018,  32.2 millones de hogares cuentan al menos con un televisor, es decir 92.9% del país tiene al menos uno de estos dispositivos. Para el caso de internet, el mismo año esta herramienta fue  usada por el 65.8% de la población nacional.

Claro que se tienen que hacer precisiones respecto a los datos anteriores: el primero es que la penetración televisiva esta contemplada por hogar, mientras el uso de internet es por individuo. Además, con respecto al primer grupo hay que revisar que es lo que más consumen los mexicanos, si los noticiarios figuran y el índice de audiencia que tuvo la emisión de hechos ese día. En el caso el segundo grupo se debe revisar qué consumimos en internet: redes sociales, vídeos musicales, portales de noticias.

Empero, con lo que conocemos si puedo lanzar algunas ideas. Al momento de escribir esto, Alatorre entrevistó al subsecretario de salud, el doctor Hugo López-Gatell y declaró que nunca llamó a la desobediencia. Incluso si la audiencia decide recibir y acatar este mensaje ¿cuál fue el daño que causó por el irresponsable mensaje del 17 de abril? La entrevista para aclarar todo sucedió hasta el 20 del mismo mes —se cruzó el fin de semana— y mientras tanto, miles de personas incrédulas pudieron romper el aislamiento social, poniéndose en peligro a ellos y su círculo cercano. Y que el cuarto poder —tendrá que ser en otro espacio donde entremos al debate de si los medios de comunicación continúan ostentando el título— decidiera erosionar la confianza de la autoridad en la materia es criminal.

Fuente: tribuna.com.mx

Debe recordarse que en política no existen vacíos y que el presentador de noticias cumple órdenes (sería impensable que una cuestión así fuera improvisada). Así, no se ha dudado en señalar a Ricardo Salinas Pliego como el autor intelectual de las declaraciones, pues con anterioridad se pronunció en contra del paro de actividades y aseguró que  “En México no moriremos de Covid-19, sino de hambre”. Resulta curioso que él se incluyera en ese nosotros, cuando es el segundo hombre más rico de México —solo detrás de Carlos Slim—: su fortuna se estima en 11,700 millones de dólares.

Y ya con la fase tres de la pandemia en México, las tiendas de su cadena continúan funcionando, de acuerdo con los empleados, sin las medida de precaución necesarias. Para complejizar aún más este caso, la actual administración gubernamental anunció que cobrará al consorcio de Salinas (junto con las otras 15 empresas que deben en conjunto 50, 000 millones de pesos en impuestos): se especula que el empresario mexicano debe 32, 000 millones de pesos. Con todo lo anterior en mente y tomando en consideración la lógica capitalista —la cual incluso considera que el acceso a la salud debe ser un producto— ¿a quién conviene que se difunda la posverdad de que los datos presentados por el subsecretario de salud son irrelevantes? Y es que bajo la óptica capitalista, la salud de los trabajadores no es relevante.

Fuente: semana.com

Cabe resaltar que México no es el único país que resiente las presiones económicas ni los embates de los empresarios.  Alemania Noruega, República Checha y Dinamarca comenzaron a levantar tímidamente sus restricciones. Bolsonaro, presidente de Brasil, insiste incluso contra su gabinete de salud, en acabar con la cuarentena pues dice que sus nacionales morirán de hambre: ¿se acuerdan de lo que ocasionaron las declaraciones del sudafricano Thabo Mbeki?

Otro desafío es que el capitalismo ha logrado convencer a gran parte del mundo, con énfasis especial en Estados Unidos, que el comprar y consumir es absolutamente necesario. Parece que existen personas que nunca aprendieron a vivir con ellas mismas, no desarrollaron pasatiempos y consideran que trabajar y comprar hasta morir son personalidades. En diversas partes de la Unión Americana existen manifestaciones de personas que  sí creen en la pandemia, pero que están hartas del encierro y consideran que salir a cortarse el cabello, hacerse manicura o reunirse en parques es más importante y que el encierro actual afecta su derecho a decidir. Incluso, parece que Donald Trump los apoya con unos polémicos tweets, aunque  es necesario señalar que el empresario esta perdiendo dinero.

Fuente: milenio.com

Para no alargar más esto, pero claro que podemos seguir dialogando en los comentarios, las noticias falsas sobre el coronavirus en aras de implantar una posverdad favorecen en la mayor parte de los casos a los empresarios, a quienes no les interesa la salud de sus trabajadores. Creo que en este sistema económico —que dicho sea de paso obliga a miles de personas a vivir al día y no poder mantener la cuarenta— donde se nos ha enseñado a que el descanso y el autocuidado no son deseables (primero la productividad), el cuidarse y descansar (en la medida de nuestras posibilidades) es un acto no sólo de amor propio sino de rebeldía.

Y es que con todo lo que ha pasado recuerdo algunas ideas de La pequeña comunista que no sonreía, donde Lola Lafon narra la vida de Nadia Comaneci, aquella gimnasta rumana que a los 14 años consiguió 10 perfecto en los juegos olímpicos de 1976, quien ansiando libertad —siempre se especuló que era vigilada— escapó de el régimen totalitario de su país. Empero desde su primer encuentro con Occidente quedó impactada porque le daba la impresión de que a nosotros (los occidentales) nos habían enseñado a desear. ¿Existirá otra forma de organización económica? Esa es la (¿pos?)verdad que a nosotros —y a más de uno— le gustaría que se difundiera.