especial-terror-crea-cuervos-leyendas-mexicanas

Especial del Terror Crea Cuervos 19: leyendas mexicanas

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp

Bienvenido a la última semana del Especial del Terror Crea Cuervos. El fin de semana pasado gracias a la ayuda de los grandes personajes que hemos visitado durante el especial, por fin hemos averiguado el motivo por el que el vampiro más famoso de la historia requiere nuestra presencia: fungiremos de árbitros en un conflicto entre dos personalidades de ultratumba. De hecho, estamos en camino para encontrarnos con la primera de ellas, pues Drácula se ha ofrecido a buscar al otro contendiente.

En esta ocasión no viajamos solos, nos acompaña un monstruo acuático mexicano, el cual dice estar emparentado con el dios Xólotl, hermano de la serpiente emplumada: el ajolote. A pesar de su adorable aspecto, viene en calidad de familiar, pues dicen que con sus poderes seremos capaces de salir bien librados de los encuentros con apariciones, fantasmas y monstruos mexicanos que nos encontraremos antes de llegar con nuestro objetivo. Así que prepárense para un viaje espantoso en compañía de los seres más terroríficos del folclore mexicano.


El chupacabras

La primera aparición con la que nos hemos topado es el chupacabras. Este ser promete no ser sólo un caso de histeria colectiva u otra criatura que debe engrosar las filas de los críptidos legendarios. Su origen se remonta a 1995 en Canóvanas, Puerto Rico, cuando ocho ovejas aparecieron muertas. Algunas de las víctimas presentaban heridas en forma de agujeros, por lo cuales se les había succionado la sangre.

Este monstruo, de casi metro y medio de altura, fue avistado por primera sólo meses después por Madelyne Tolentino, quien no dudó en señalar que este despreciable ser era el responsable de la pérdida de 150 cabezas de ganado. A partir de ahí, el chupacabras se propagaría por casi toda América Latina y espantaría a México desde 1996. Lo anterior propiciado especialmente por la prensa que mostraba imágenes de animales —aparentemente desangrados— con marcas de colmillos.

chupacabras
Fuente: bbc.com

Para el caso mexicano el inicio fue en una localidad poblana, a donde llegó una de las principales televisoras del país para cubrir la autopsia a los animales fallecidos, realizada por Soledad de la Peña: la audiencia quedó muda al apreciar como los guantes de la doctora se mantenían blancos. El terror siguió expandiéndose y más de una persona aseguró sobrevivir al ataque de este monstruo. Sin embargo, rápidamente surgieron escépticos.

Finalmente, el chupacabras fue desenmascarado. National Geographic en 2012 presentó ‘Chupacabras: la evolución creó una leyenda’ y descubrió que los cadáveres de chupacabras eran en realidad de perros, coyotes y hasta hienas, infectados gravemente de sarna. Sin embargo, el que está frente a nosotros tiene picos en la espalda, una larga lengua y de repente salta como canguro, así que para evitar que salga del inconsciente colectivo, le rendimos los debidos honores y continuamos con nuestro camino.


El coco

Emanando de las canciones de cuna de diferentes culturas, el coco busca castigar con severidad a los niños mal portados. Aparentemente este monstruo llegó de la península ibérica a tierras americanas durante el proceso de colonización. De hecho, el etimólogo Joan Corominas señaló en su Breve diccionario etimológico de la lengua castellana que el fruto homónimo fue nombrado así por los hombres de Vasco de Gama, pues encontraron similitudes entre este fruto con la cabeza del ser.

Lo anterior se debe a que en ese entonces se pensaba que el coco tenía de cabeza una calabaza con tres orificios —muy al estilo celta— que simulan la boca y los ojos, aunque en realidad esta se encuentre vacía pues el monstruo es incorpóreo. Empero, este ente también es el más universal del listado: se le considera también como el hombre del saco, el bogeyman y un largo etcétera. En todas sus versiones busca llevarse a los niños malcriados, de lo que da constancia el español Francisco de Goya, quien en 1799 presentó el grabado ‘Que viene el Coco’.

que viene el coco
Fuente: elpais.com

El ajolote sugiere que nos hagamos los dormidos para que este monstruo se vaya, tal como reza la canción de cuna “duérmete niño, duérmete ya, que viene el coco y te comerá”>. Tras unos minutos así escuchamos un leve soplido y al alzar la cabeza no queda nada más que una extraña calabaza con tres agujeros.


La llorona

Estamos frente al fantasma que ha atemorizado a todo México al grito de “¡Ay, mis hijos!”. La identidad de esta mujer, así como su apariencia son un misterio. Los orígenes de la leyenda se remontan a la época prehispánica, aunque la versión que llegó a nuestros días es la que surgió durante la época colonial y de la fusión de estos dos universos (español y prehispánico) tenemos los elementos físicos de la aparición: vestimenta blanca, cabello largo negro y el famoso grito.

Los conquistadores llegaron a temer tanto a esta ser de ultratumba que llegaron a declarar toque de queda a partir de las 11 de la noche. Lo anterior en aras de preservar las vidas de los colonizadores/conquistadores, pues se creía que ver a este fantasma, en el mejor de los casos, ocasionaba la muerte o la locura. Será poco tiempo después que se asocie a la Malinche a este espectro, quien se lamentaba por la traición a su pueblo.

Llorona
Fuente: sopitas.com

Posteriormente se empezó a incluir el elemento amoroso en la historia: ahora es una mujer —a veces mestiza, a veces criolla y en algunos casos europea— quien al descubrir la infidelidad de su esposo cobra venganza a través de sus hijos. La leyenda tiene sus variaciones y ha sido llevada a la pantalla grande en varias ocasiones: para niños existen La leyenda de la llorona (2011) dirigida por Alberto Rodríguez y en el plano internacional La maldición de la Llorona (2019), de Michael Chaves.

Se cree también que esta entidad fue la inspiración para otros famosos monstruos mexicanos, como la famosa Pascualita, cadáver-maniquí-fantasma de Chihuahua, que aparentemente murió antes de su boda. Y parece que no podremos seguir el recorrido porque la llorona no planea dejarnos atravesar el río. Sin embargo, el ajolote demuestra que en algún momento fue un dios. Se transforma y venciendo a la muerte, otra vez, nos transporta rápidamente por el río: vemos a los nahuales, los axules, los chaneques y todo el panteón de los monstruos mexicanos.

No paramos hasta llegar al Mictlán, donde el ajolote nos guía hasta llegar a un salón circular. Vemos inmediatamente a quien hemos venido a buscar: ese sombrero de ala ancha, esa estola de plumas y esa elegancia sólo pueden pertenecer a una figura… ¿Sabes de quien se trata? Escribe tu respuesta en los comentarios, pues será esta figura el tema central de la columna de mañana.