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Laureana Wright y ‘Violetas del Anáhuac’, primer periódico de mujeres en México

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El siglo XIX en México -así como en otros países que también encontraron su emancipación durante estos años- se caracterizó por el proyecto de construcción de una nación. Bajo esta misma aspiración, también se erigió un modelo femenino conocido como “el ángel del hogar”, el cual promovió una figura idealizada de lo que tenía que ser la mujer en la casa; ésta debía cuidar de su familia e instruirse para educar a sus hijos, ser dulce, protectora y responsable del hogar.

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El 4 de diciembre de 1887 circuló por primera vez en la Ciudad de México la revista ‘Las hijas del Anáhuac’, el primer periódico en la historia del país hecho por mujeres. Sin embargo, en 1888 cambió el nombre a Violetas del Anáhuac’, puesto que compartía el nombre con otro diario de índole religiosa.

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Laureana Wright, fundadora de este semanario, nació el 4 de julio de 1846, en Taxco, Guerrero. Proveniente de una familia acaudalada de mineros, siempre tuvo interés en velar por la emancipación de las mujeres y en las letras encontró el espacio ideal para impulsar estas ideas. Realizó la biografía de diversas mujeres destacadas: religiosas, pintoras, poetas, maestras, independentistas, etc. Estas semblanzas fueron reunidas en ‘Mujeres notables mexicanas’, compilación que se publicó póstumamente, pero que reflejan su interés por mantener vivas y hablar de esas mujeres significativas en la historia de nuestro país. Antes de la aparición de su semanario, Wright también colaboró en ‘El Álbum de la Mujer’ durante 1880 y editó el periódico ‘La Ilustración de la Mujer’.

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“Venimos al estadio de la prensa a llenar una necesidad: la de instruirnos y propagar la fe que nos inspiran las ciencias y las artes. La mujer contemporánea quiere abandonar para siempre el limbo de la ignorancia y con las alas levantadas desea llegar a las regiones de luz y verdad”(Violetas del Anáhuac, 1888)

Estas palabras formaron parte del primer número de la revista y manifestaron el objetivo de la misma, el cual, como bien hacen saber, no sólo fue deleitar a las mujeres durante sus tiempos libres, sino instruirlas y brindarles el conocimiento que durante mucho tiempo les había sido negado. Asimismo fue un espacio propicio para mujeres que quisieran escribir y compartir sus cuentos, novelas o poesía.

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Más allá de que el carácter del diario no fue tan subversivo ni reformador y de que cada colaboradora escribía según sus intereses y creencias, este medio permitió que se expusiera el interés que tenían algunas mujeres por dejar las actividades exclusivas del hogar y la familia; en las que el conocimiento y la dedicación a cualquier otro talento resultaban imposibles o simplemente se convertían en un accesorio de ellas. También mostraron el descontento hacia la forma en que su trabajo no era valorado, tal como escribe Mateana Murguía:

“Por una disposición que no nos atrevemos a calificar, los profesores disfrutan de $60. y las profesoras solo perciben 45!, y aunque los $60. no son tampoco suficientes para atender a los gastos de una familia, que además de alimentación necesita lavandera, criados, ropa, calzado, etc, 45 lo son mucho menos. Como dijimos antes, estos no cubren las necesidades con la cantidad que perciben; pero tienen al menos la posibilidad de salir por la noche a dar lecciones a domicilio pudiendo llegar por este medio otros recursos; pero las profesoras, casi todas jóvenes mientras su debilidad no esté suficientemente respetada por la cultura de nuestros compatriotas, no se atreven a salir de su casa para volver a las 8 o 9 de la noche, pues bien saben que en el camino se encontrarán mil impertinentes que las importunen y disgusten; además el trabajo intelectual y físico que han sostenido todo el día agota sus fuerzas y no les deja ánimo para una nueva tarea.” (Violetas del Anáhuac, 1887)

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Finalmente, el 24 de junio de 1889, sin motivo alguno, la publicación de la revista llegó a su fin, pero dejó claro que a través del conocimiento las mujeres encontrarían una transformación, pues hallarían la luz de la verdad y, quizá, su propia emancipación. A pesar del fin de este semanario, Laureana Wright siguió escribiendo algunos artículos en los que también manifestó sus ideas, tales como “La emancipación de la mujer por medio del estudio” y “Educación errónea de la mujer y medios prácticos para corregirla”.

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