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‘Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar’: una reflexión sobre la igualdad

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Un gato grande, negro y gordo tendrá que cumplir tres promesas hechas a una gaviota en su lecho de muerte, la más difícil de todas: enseñar a volar a su polluelo.

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Una historia para jóvenes de 8 a 88 años

Puede parecer risible el imaginar a un gato aprendiendo a volar e inclusive que intente enseñarle a un ave a hacerlo. Pero esa es la premisa que Luis Sepúlveda, fallecido el pasado abril, nos plantea en ‘Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar’, cargada de enseñanzas no solo para niños si no para jóvenes de 8 a 88 años como reza el subtítulo de la novela.

A causa de la indiferencia humana por la naturaleza y los que no son como ellos, Kengah, una gaviota argentada, termina bañada en petróleo mientras pescaba en el mar y con sus últimos esfuerzos pone un único huevo, dejándolo al cuidado de Zorbas, el gato grande, negro y gordo.

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Ilustración de Miles Hyman

Zorbas y los demás gatos del puerto tendrán que descubrir e idear estrategias para enseñar al polluelo a volar, aún cuando esto sea imposible para ellos.

Observamos grandes momentos de solidaridad en toda la novela, cada gato tiene una particularidad que le permite aportar una perspectiva diferente al problema que los aqueja y es mediante la suma de todas estas características únicas los vuelve un todo.

Nuestro gato protagonista por ejemplo, Zorbas es responsable y no deja de lado en ningún momento las tres promesas hechas a la gaviota. Acude a sus amigos en busca de consejo pero es él el que llevará a cabo las acciones; Sabelotodo es otro gato que aporta el intelecto al grupo, un gran consultor y poseedor de información y también hay que mencionar a Colonello, un gato que se cree italiano y que a grandes rasgos podría ser jefe de una mafia gatuna por la autoridad y liderazgo que posee.


Una reflexión sobre la igualdad

La diversidad se encuentra muy presente en la obra, con muestras de diferentes culturas a pesar de ser una historia narrada desde la perspectiva de los animales.

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Ilustración de Miles Hyman

En el bazar dónde vive Sabelotodo, se encuentran piezas de nivel cultural enorme, y con una referencia literaria basta. Pero eso no lo es todo, pues los animales no se encuentran separados por razas, conviven una al lado de la otra, se comunican entre sí, colaboran y bueno, un gato empollando un huevo de gaviota ya dice mucho.

Pero hay un momento que define ésta igualdad, en el sentimiento del dolor. Un fragmento triste y desolador que se convierte en un grito de unión de todos los animales del puerto.

“… a sus maullidos se agregaron muy pronto los de otros gatos de las cercanías, y luego los de los gatos de la otra orilla del río, y a los maullidos de los gatos se unieron los aullidos de los perros, el piar lastimero de los canarios enjaulados y de los gorriones en sus nidos, el croar triste de las ranas, y hasta los destemplados chillidos del chimpancé Matías.”


El gato no dice, maulla

Una curiosidad del estilo de narración de Sepúlveda en éste texto es que las acciones de los animales está demasiado humanizada y es contada de esa forma. Los animales presentan sentimientos, sentido del deber, tienen una sociedad organizada; pero en el caso particular de los gatos, estos no hablan, maullan.

Después de algún diálogo de uno de los gatos, a diferencia de lo que pasaría en una narración normal en la que se diría “dijo el personaje”, aquí se establece la particularidad de los mininos con su maullido y tenemos entonces curiosidades en esas cuestiones.

Es entendible este tipo de narración pues a pesar del subtítulo de la novela, el público objetivo es el infantil. Toda su narración va orientada a convertirse en una fábula y ser una novela casi pedagógica con muchas repeticiones de palabras y acciones.

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Luis Sepúlveda y su compromiso político.

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Fuente: El país

Activista ecologista, opositor a la dictadura de Pinochet, éste autor chileno siempre dió un espacio en sus obras para sus credos personales. Fue preso político y exiliado, periodista, tripulante de Greenpeace, apoyó las guerrillas de Nicaragua y vivió con indígenas de Ecuador.

En el caso de ésta novela, no hay mayor crítica y mención de su activismo que el terrible destino de la gaviota madre. Morir cubierta de petróleo y abandonada por sus congéneres. Víctima de la desgracia humana.

“La buena novela a lo largo de la historia ha sido la historia de los perdedores, porque a los ganadores les escribieron su propia historia. Nos toca a los escritores ser la voz de los olvidados”