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‘Final del juego’, un cuento de Julio Cortazar para regresar a la infancia

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En ‘Final del juego’ de Julio Cortázar, las protagonistas del relato nos retornan a la infancia y a los espacios del juego no sólo como un lugar para divertirnos si no como un terreno en donde surgen los conflictos dramáticos de la vida.

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Portada del libro

Estatuas y actitudes

Narrado por una de las protagonistas, el libro nos presenta a unas niñas que juegan cerca de las vías a interpretar estatuas o actitudes según sea el caso. En el caso de las actitudes se requerían de expresiones y representaciones mientras que las estatuas disfraces originales en cada oportunidad.

Las niñas vivían en una casa con su familia y hay una en particular que resalta en la historia, Leticia,  pues tiene cierta condición en su cuerpo que las diferencia de las demás, lo que hace que sientan pena o hasta lástima por ella.

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El juego se realizaba a escondida de los adultos, en un universo creado por ellas y para ellas, que compartían con espectadores ajenos que las contemplaban al pasar el tren. La rutina de las chicas cambia cuando un chico deja caer una nota desde el tren, creando entonces un conflicto entre ellas, desarrollando incluso un poco de celos y envidia.


La competencia

Hay otro juego a parte de estatuas y actitudes, el sentimental. A momentos la lástima y pena que sienten hacia Leticia se vuelve subestima, celos o envidia. Contrarios a la idea de inocencia en la infancia, veremos en el relato una competencia entre las niñas por la atención del espectador del tren.

De la misma forma, existe un sentimiento aflorando entre ellas: el amor. Probablemente eran muy jóvenes para entenderlo, pero cuando el chico del tren establece quien es su preferida de entre las protagonistas, es cuando estalla la competencia, las frustraciones y las decepciones amorosas.


Final del juego

En varios momentos de la narrativa, se nos presenta la posibilidad de terminar con los juegos de las niñas. Y para los últimos párrafos, sucede.

La espontaneidad de las chicas se acaba, un día sin saber cual exactamente, se dejan de reunir para interpretar sus papeles y las estatuas y actitudes llegan a su fin. Los espectadores del tren dejan de tener el espectáculo al que estaban habituados.

El juego se termina y nuestras protagonistas deben crecer, su reino a las orillas de las vías llega  a su fin. El lector puede ver en las últimas palabras del texto lo que muchos experimentamos cuando niños, un día sin especificar, dejamos de salir a la calle a compartir el tiempo con nuestros amigos, se terminó la infancia, los juegos ahora son otros y nosotros también.

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Una entre un mar de historias

La bibliografía de Julio Cortázar es basta y en el caso de Final del juego es un relato incluido en su libro homónimo de 1976, siendo muy famosa entre sus obras.

El autor jugó en bastantes momentos con la línea que separa a la realidad de la fantasía, pero en ésta historia en particular tenemos acontecimientos bastante naturales y que nos transportan a nuestra propia infancia. Hay numerosas formas de identificarnos ya sea con las protagonistas o sus vivencias narradas en el texto.

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Foto de andina.pe

Influenciado por Borges, Poe y Cocteau, Cortázar crea un imaginario particular y entre su narrativa no podemos dejar de mencionar Rayuela, su novela clave y de la que saldría uno de los protagonistas más románticos e idealistas de la época, Oliveira, que no es más que una extensión del propio autor durante su estadía en Francia.

Sin duda Final del juego es un cuento bastante disfrutable del argentino y que en conjunto con los demás relatos del libro son una obra fascinante.

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