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‘El Complot Mongol’, la primera novela negra en México

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Los orígenes de la novela policiaca clásica se remontan a 1841 con la publicación de ‘Los crímenes de la calle Morgue’ de Edgar Allan Poe. Este género literario se caracterizó por la presencia de un detective, el cual siempre solucionaba un caso mediante una investigación. Así, la figura de Auguste Dupin adquirió gran importancia dentro del género, pues al ser el primer detective, se convirtió en un modelo para los siguientes textos de este tipo.

En los años veinte surgió en Estados Unidos el género policial negro; éste, a diferencia del género clásico, intentó ser más realista y realizar una crítica a la sociedad. De esta forma, la figura del detective también se transformó, pues ahora encontramos a alguien duro, solitario, agresivo y hastiado de la realidad.

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En 1969 Rafael Bernal publicó su última novela ‘El Complot Mongol’, la cual ha sido la más atractiva para la crítica literaria y para los lectores; no sólo por la crítica que ejerció, sino porque es la primera novela negra en México.

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La novela comienza planteándonos un problema: la especulación de que en China se está llevando a cabo una conspiración contra el presidente de Estados Unidos, la cual se realizará durante su visita a México. Filiberto García, un pistolero profesional, con ayuda de un agente ruso y uno del FBI son los encargados de investigar acerca de este rumor.

Filiberto García se irá construyendo durante la narración como detective y se involucrará en el asunto hasta darse cuenta que todo esto fue una trama creada por alguien más, pero al hacerlo hará evidente la corrupción y la ambición de los políticos por llegar al poder.

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Crítica a la sociedad

La novela se sitúa espacial y temporalemente en la Ciudad de México durante los años sesenta. Responde a un contexto en el que la política modernizadora que se había iniciado años antes en el país estaba teniendo éxito, pues las inversiones extranjeras comenzaban a aumentar. Así, en México se hablaba de progreso y modernidad.

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La trama bajo la cual se construye la novela se caracteriza no por encontrar un enigma y de esta manera restablecer el orden que se había visto atentado por algún crimen -como se buscaba en la novela clásica-, sino por hacer evidente una sociedad que se encuentra corrompida.  La novela trasluce la verdadera situación del país, en tanto que esa modernidad no se había culminado, sino que seguía operando una relación basada en abusos de poder; las autoridades continuaban matando a quien querían, pero ahora con las manos limpias, puesto que contrataban a alguien que lo hiciera. El personaje de Filiberto García, un pistolero de sueldo, es quien cumplía ahora con este oficio.

«¡Pinche corone! No quiere muertes, pero bien que manda llamar a mí. Para eso me mandan llamar siempre, porque quieren muertos, pero también quieren tener las manos muy limpiecitas. Porque eso de los muertos se acabó con la bola y ahora todo se hace con la ley. Pero a veces la ley como que no alcanza y entonces me mandan llamar […]Ahora somos muy evolucionados, de a mucha instrucción. Ahora no queremos muertos o, por lo menos, no queremos dar la orden de que los maten».

De forma irónica en la novela intervienen los servicios de FBI y el servicio secreto ruso. Esto, que pareciera ser sólo un elemento de la trama, también le permitió al autor ejercer una crítica al sistema y a las instituciones, pues refleja la incapacidad que tenían las propias fuerzas de seguridad para asuntos de tal magnitud. Así, no resulta extraño que sea un pistolero la única persona en la cual se confía este rumor.