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Conoce la historia de Vlad III “El empalador”, el Drácula real

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A finales del siglo XIX, el escritor irlandés Bran Stoker concibió una novela de terror llamada Drácula, la cual pasaría a la historia y seria inspiración para películas y cortometrajes que adaptarían este personaje a su manera; el icónico personaje creado por Stoker fue inspirado en un siniestro príncipe rumano llamado Vlad III “El empalador”.

Vlad nació alrededor del año 1428 en Sighisoara (Transilvania), fue el segundo hijo de Vlad II, conocido también como Vlad Dracul cuyo significado es “El diablo”, dicho sobrenombre se le otorgo debido a su crueldad y a su sangre fría al gobernar, características que describían también a Vlad III.

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Fuente: livescience.com

Se sabe poco acerca de la infancia del joven príncipe Vlad III, sin embargo, por el contexto que se vivía en ese momento, se sabe que su infancia o lo poco que pudo vivir de ella fue complicada. Durante los primeros años de vida del príncipe Vlad, el imperio gobernado por su padre era acosado constantemente por los imperios otomano y húngaro respectivamente, orillando a Vlad Dracul a forjar alianzas con los turcos, sin embargo, esta alianza tendría un caro precio que pagar, ya que los turcos exigirían un pago de tributo, quien para desgracia de Vlad Dracul, uno de dichos tributos fue su hijo el príncipe Vlad III.

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Fuente: es.wikipedia.org

Vlad II abandonó Turquía y subió al trono de Valaquia, una región en la actual Rumania en 1448, después del asesinato de su padre y de su hermano a manos de los húngaros en 1447. Al inicio de su mandato Vlad Draculea (que significa el hijo del diablo) se ocupó primero de los enemigos interiores que tenía, se sabe por las crónicas de la época que los reunió con el objetivo de celebrar un festín, sin embargo, ellos serían el platillo principal, ya que serían atados, colocados boca abajo y empalados.

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Durante los empalamientos ordenados por Vlad Draculea, a los condenados se le ataban las manos y se les insertaban una estaca sin punta en el recto, esta estaca se clavaba al piso, por lo que la gravedad y el peso del condenado hacían que esta atravesara los órganos internos, provocándole a la victima un dolor y una agonía, tardando inclusive tres días en morir.

Dichos empalamientos siguieron ocurriéndole a los enemigos y detractores de Vlad, la tortura se volvió su peculiar sello al gobernar, aficionándose por el dolor y entusiasmándose cada vez más al ver una muerte lenta, adicionalmente solía cenar bebiendo la sangre de sus victimas o mojando su pan con ella.

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Fuente: es.wikipedia.org

Al igual que el final de su infancia fue marcado al ser entregado a los turcos, el fin de su mandato sería marcado ante su decisión de traicionarlos, negándose a pagar tributo trayendo una posterior derrota al no poder luchar contra la invasión turca a Valaquia, posteriormente Vlad III fue encarcelado doce años, en donde su sadismo fue saciado empalando ratones y aves.

En 1475 fue liberado y regresó a ocupar el trono de Valaquia, lo que no sabía es que dicho trono había sido ocupado por su hermano Radu, sin embargo, aún encabezó una última lucha contra los turcos, que desencadenaría su asesinato a mano de sus propios soldados que le tendieron una emboscada; posterior a su muerte su cabeza fue entregada como trofeo a los turcos y colgada en una estaca en el centro de Estambul.

Se calcula que, en sus tres períodos de gobierno, que suman apenas siete años, ejecutó a unas 100,000 personas, en la mayoría de las ocasiones mediante la técnica de empalamiento. Por esa razón se le conoce desde el siglo XVI como Vlad Tepes, esto es, Vlad el Empalador, dando inicio a la leyenda del vampiro conocido por todos, en donde sus formas de empalamiento no eran con estacas, sino con sus afilados colmillos, bebiendo al igual que Vlad Draculea la sangre, provocando en ambos una saciante satisfacción ante el sufrimiento de la víctima.