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500 días y no pasa nada ¿Será que la tragedia ya no vende?

Cicatrices en la Ciudad

Han pasado más de 500 días del temblor que sacudió gran parte de la Ciudad de México y de sus alrededores y ni en las redes sociales ni en los ‘noticieros televisivos’ aparece la realidad de las familias damnificadas por el pasado temblor del 19 de septiembre del 2017.

Por la propia voz de las familias se ha continuado demandando a las autoridades competentes del gobierno de la CDMX para que tomen cartas en el asunto.

De las zonas más afectadas que se registraron fueron al sur de la ciudad, centro y la periferia del Valle. Actualmente se encuentran demolidos más de 100 inmuebles y viviendas y en reconstrucción otras tantas.

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Foto: cosecharoja.org

 

Todos vamos a ayudar

El sismo de 7.1 grados en la escala Richter ocurrió alrededor de las 13:14 horas, cuando la mayoría de las personas en la ciudad se disponían para salir a comer.

Al principio la gran urbe entró en un estado de shock, las líneas telefónicas se cayeron y se trataba de asimilar la magnitud del daño.

Los medios de transporte público y las vías de acceso para llegar con los familiares colapsaron. Poco a poco se comenzó a agravar el desconcierto y la paranoia social a causa del panorama que se vivía. Las aplicaciones de mensajería, como whatsapp, fueron las que permitieron la comunicación para saber que se estaba con vida.

Comenzaron a derrumbarse un edificio en la Roma Norte, se escuchaba que otro por Taxqueña, se preguntaba cómo se podía llegar por los hijos a la escuela, si pudieron evacuarlos adecuadamente.

Primero la familia, después los amigos y personas cercanas. Desde la Calzada de Tlalpan y desde el Viaducto comenzaron a elevarse grandes columnas de humo. El sonido ensordecedor de la megalópolis cedió ante lamentos, gritos de ayuda, llantos y sirenas de carros de auxilio por todos lados.

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Foto: globallookpress.com

La catástrofe del ’85 se estaba repitiendo.

Estuvo más fuerte el del ’85

Dentro del caos y esquizofrenia colectiva, las personas recordaban la tragedia vivida en los terremotos del 19 y 20 de septiembre de 1985. No se podía creer que exactamente en el mismo día, como si fuera escrito en textos de Nostradamus se repitieran las mismas imágenes de especie de bombardeo. Se escuchaban palabras motivacionales de: Ah, estuvo peor el del ’85!, ¡Uy, joven, yo pase el del ’57, cuando se cayó el Angel! Frases que en su trasfondo significaban ,¡si pasamos esos , este lo sacamos avante!

Enseguida, como si fuera archivo almacenado en la memoria de todos los citadinos, vinieron las tareas de rescate. Sin más herramientas que las propias manos y sin ningún tipo de noción de cómo ayudar, la sociedad civil se dió a la tarea de unirse y a medio organizarse en las urgencias que sobrepasaban por mucho los esfuerzos y emociones de los mexicanos.

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Foto: Marco Antonio Cruz

El insoportable aroma a muerte y formol

En aquel sismo, una de las mayores catástrofes en la historia del Distrito Federal, las historias y crónicas relatadas en el trabajo periodístico, Nada, nadie . Las voces del temblor de la periodista Elena Poniatowska, son realmente escalofriantes. Desde la responsabilidad de las autoridades gubernamentales al otorgar concesiones de carácter directo y la falta de vigilancia y seguimiento de las demandas ciudadanas hacia el departamento de obras públicas hasta la falta de planeación de la ciudad, quedaron como las principales causas de la pérdida de miles de vidas de mexicanos.

El edificio Tumba en San Antonio Abad

En la colonia Obrera, decenas de talleres quedaron sepultados en los escombros. Cientos de costureras quedaron encerradas en sus lugares de trabajo. Algunas de ellas no pudieron abrirse paso ante el derrumbe de las losas. A otras no se les permitió que salieran a salvar sus vidas y otras tantas quedaron atrapadas pidiendo a gritos auxilio y viviendo en carne propia una muerte lenta debido a que los trabajos de rescate llegaron 15 días después.

‘Entre todas amarramos pantalones para descolgarnos como trazan’

Las costureras más angustiadas querían aventarse por las ventanas. El sismo reveló la explotación y las condiciones laborales precarias de miles de costureras que trabajaban en talleres clandestinos. Más de 800 talleres y fábricas quedaron destruidos.

Una escultura de Patricia Mejía honra a las trabajadoras de la industria textil dentro de la unidad habitacional en el predio que anteriormente había sido escenario de la tragedia.

Acordonar es prohibir, es oprimir y atemorizar

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Foto: archivo cuartoscuro

Actualmente, muchos de los trabajos de reconstrucción y reorganización de las viviendas aún siguen en marcha.

Cientos de familias de damnificados desde los temblores del ’85 siguen en la espera de la resolución de sus viviendas. Otros tantos, aprovecharon la oportunidad para hacerse de su casita en el Estado de México y regresaron, años después, a los edificios desalojados para repetir su oportunismo y volver a demandar indemnización por su vivienda con este nuevo sismo del 2017.

Los trabajos de reconstrucción, como en los multifamiliares de Taxqueña, continúan día y noche. ¿Cómo será la reconstrucción de la vida misma en las familias de los que perdieron su hogar? ¿Cuáles serán las palabras de aliento para alguien que perdió un ser querido en estas tragedias? ¿Seguirán necesitando de la ayuda de la Sociedad Civil para acercarles un vaso de agua o un pedazo de papel? ¿Seguiremos tomándonos selfies en una especie de pseudoaltruismo mientras sea mediática la tragedia? ¿Serán las redes sociales o las redes de apoyo las que sanen las cicatrices de esta Gran Ciudad?

Foto portada: mgur